Taiji surge del Wuji:
es la madre de Yin Yang.
En movimiento Yin Yang se separa,
en reposo se une.

No hay exceso,
no hay deficiencia.
Al seguir al adversario,
ceder, luego avanzar.

Cuando el adversario es duro
yo soy suave;
esto se llama ceder.
Seguir su movimiento se llama adherir.

Cuando el adversario se mueve rápido
yo me muevo con rapidez.
Cuando se mueve lentamente
yo me muevo con lentitud.
Las situaciones varían al infinito,
el principio es subyacente
siempre es el mismo.
Gracias a la práctica
uno se acerca a la comprensión del Jing.

Ella nos encamina el refinamiento
de la intuición.
Pero nada se logra de pronto
sin esfuerzo,
sin un hondo adiestramiento.

Una fuerza intangible
mantiene la cabeza erguida
y sube hasta la coronilla.
El Qi desciende hasta el Dan Tian.

No inclinar el eje en ninguna dirección.
Aparecer de pronto,
desaparecer súbitamente.

Si hay presión sobre la izquierda,
la izquierda se vuelve etérea;
si es sobre la derecha;
la derecha desaparece.
Si el adversario empuja hacia arriba,
se debe subir;
si lo hace hacia abajo,
es preciso descender.
Cuando avanza,
alargar la distancia que nos separa;
si se retira,
hacerla más pequeña.

El cuerpo es tan sensible
que responde al mero
tacto de una pluma,
y ni un insecto encuentra apoyo en él.
El adversario no me conoce,
pero yo sí lo conozco.
Esto hace que un hombre sea invencible.

Existen muchos estilos marciales.
Se les distingue por sus posturas
y sus formas.
Pero a fin de cuentas,
siempre vencen a la debilidad con la fuerza,
a la lentitud con la rapidez.
El fuerte vence al débil,
las manos lentas se someten a las veloces.
Pero esto sólo resulta de un don innato
y no de la fuerza que otorga la enseñanza.

Pensemos en el refrán que dice:
«Cuatro onzas pueden
repeler mil libras».

Esto no lo hace la fuerza muscular.
Cuando un anciano vence
a varios atacantes,
sin duda no es cuestión de rapidez.

Al estar quieto,
mantener un equilibrio de la balanza.
En movimiento,
ser como una rueda de carreta.

Si el adversario empuja
hacia un lado o hacia abajo,
hay que seguirlo.
Si el peso se apoya más de un lado,
el movimiento se realiza fácilmente.
Si se reparte por igual uno se estanca.
Quien después de mucho tiempo
no ha aprendido a transformar el ataque,
comete el error del doble peso:
apoyarse por igual en ambas piernas.

Para evitar este error,
conocer la teoría de Yin Yang.

Adherir es ceder,
ceder es adherir.
No hay Yin sin Yang,
no hay Yang sin Yin.
Yin y Yang cooperan mutuamente.
Comprenderlo abre las puertas
para comprender el Jing.

Una vez que se entiende el Jing,
la práctica conduce al refinamiento.
Aprender en silencio y atesorar
el conocimiento
para acercarse a lo que la mente desea.

Lo principal es olvidarse de uno mismo
y seguir al adversario.
Esto no ha de confundirse
con abandonar lo que está cerca
por alcanzar lo que está lejos.

Una pequeña desviación inicial
a la larga se convierte en mil kilómetros.

Que el practicante reflexione
para lograr la comprensión.